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viernes, 12 de diciembre de 2014

El poder de Google

Regresamos después de un largo tiempo sin novedades en el frente, esta vez con una nota a Julian Assange, el fundador de Wikileaks, publicada en la revista Ñ el 4 de diciembre de 2014.

"Google es más poderoso que lo que la Iglesia ha sido jamás"





“Los Beatles son más populares que Jesús”. Lo dijo John Lennon en 1966 y armó un lío bárbaro. Ayer, Julian Assange, fundador de WikiLeaks, usó la misma fórmula: "Google es más poderoso que lo que la Iglesia ha sido jamás, y está más centralizado. Hay un control más directo desde el núcleo a la periferia, porque es como si sólo existiera el Vaticano y cada usuario estuviera en un confesionario". Así de tajante fue la afirmación de Assange, que se define como periodista, editor y hacker, en la videoconferencia que dio desde su asilo diplomático en la Embajada de Ecuador en Londres.
Assange habló durante casi una hora ante periodistas españoles y argentinos que, por su pedido, habían tenido que anticipar sus preguntas. El programador se centró sobre todo en el gigante informático que nos ha inventado un sinónimo de "buscar" en el siglo XXI, y que se metió en nuestras computadoras, nuestras tablets, nuestros teléfonos, nuestras costumbres y nuestras vidas. Es que Assange acaba de publicar en España -llegará a las librerías argentinas el 13 de diciembre- el libro Cuando Google encontró a Wikileaks (Capital Intelectual). Es su versión del encuentro que mantuvo en junio de 2011 con el entonces director ejecutivo del buscador, Eric Schmidt. Por esos días, Assange cumplía arresto domiciliario en Norfolk, Inglaterra, y de la reunión también participaron Jared Cohen, consejero de Hillary Clinton cuando ella fue secretaria de Estado; Scott Malcomson, que escribía los discursos del Departamento de Estado norteamericano; y Lisa Shields, que fue vicepresidenta del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos.
Schmidt y Cohen le anticiparon que publicarían la charla en el libro La nueva era digital."Me di cuenta de que era muy posible que Eric Schmidt no fuera únicamente un emisario de Google... La delegación que me visitó era una cuarta parte de Google y tres cuartas partes representaban al Departamento de política exterior de Estados Unidos", escribe Assange en su libro, que decidió publicar para dar una versión "más precisa" de la reunión -además de subir la grabación a Wikileaks.org-.
"Google es el número uno a la hora de hacer lobby en Washington", disparó desde su enclave latinoamericano y a la vez europeo el ideólogo de la plataforma que difundió informes y documentos filtrados que incomodaron a gobiernos de todas las latitudes, especialmente al norteamericano. De hecho, Ecuador dio asilo a Assange para evitar que lo extraditaran a Suecia y de allí a Estados Unidos, donde podría ser juzgado por traición y espionaje. "Dudo que la Unión Europea sea capaz de resistir ese lobby ante el avance de Google como un monopolio", agregó.
El gran buscador construye su poder no sólo a través de sus relaciones políticas -destinó en 2013 casi 16 millones de dólares sólo a hacer lobby en el Capitolio-: también se vale del vínculo íntimo e interactivo que establece con nosotros, sus usuarios, con el click fácil para aceptar términos y condiciones. "Google opera como una gran agencia de seguridad: nos atrae para que usemos sus productos, construye nuestros perfiles, usa esa información y en algunos casos la filtra al gobierno estadounidense", aseguró Assange.
El fin de semana Assange brindó otra videoconferencia: esta vez se comunicó con Ecuador y dijo que Latinoamérica debía desarrollar buscadores y redes sociales propios para evitar el dominio de Google. Consultado por Clarín sobre cómo llevar a cabo esta medida, Assange dijo: "Como respuesta a la filtración de datos internacionales de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Brasil decidió conectarse con Europa a través de un cable submarino que no pasara por ese país. Hay varios países de la región trabajando en su soberanía informática. Pero es en vano si cada uno le da su nombre, su teléfono y su ubicación en el mapa a Google, porque es como si cada persona se anexara a Estados Unidos". Según su visión, estos proyectos podrían involucrar, por ejemplo, a distintas universidades de Hispanoamérica y deberían financiarse entre el Estado y el sector privado "para no generar ni corrupción ni monopolios".

"La vigilancia de las corporaciones funciona como la religión. Alguien ve y se acuerda de todo lo que hacés. Es lo que llevan diciendo los curas desde hace años", sentenció Assange (y seguro que Foucault y Orwell estarían de acuerdo).

"

sábado, 11 de diciembre de 2010

Macri Vainilla

Por Luis Bruschtein 
“Macri hará propietarios a los vecinos de las villas”, festejaba el diario Perfil: “Más de mil títulos para julio del 2011” agregaba, iniciando así la campaña electoral del macrismo en la ciudad. Si uno imita a Freddy Mercury se puede tragar el bigote o no. Puede que sí, puede que no. Como se sabe, Macri es de los que se lo tragan. Pero si se abandona el espacio público en las zonas pobres de la ciudad, si no hay un plan permanente de construcción de viviendas populares, y si encima se hacen promesas demagógicas, lo más seguro es que se produzcan desmanes. Macri hizo todo eso que no es aconsejable hacer y provocó una batalla campal con muertos y heridos en el sur de la ciudad de Buenos Aires, una zona que no se encuentra entre las prioridades de su gestión. Entonces, en vez de los de Freddy Mercury se puso los bigotitos de Micky Vainilla, el cantante fascistoide de Capusotto y disparó un discurso fuertemente racista y xenófobo contra bolivianos, paraguayos y pobres en general.
El Parque Indoamericano es un espacio público abandonado por el Gobierno de la Ciudad. Algunos vecinos dicen que no es cierto, que habían instalado mobiliario urbano, pero que se robaron hasta las rejas. Otros vecinos dicen que el Gobierno de la Ciudad fue retirando los puestos de vigilancia que supo haber en la zona, tanto de la Federal, como de la Metropolitana. Y no puede decirse que sea un parque que no se usa porque los fines de semana está tan lleno como Palermo. Por el contrario, los mismos vecinos de la zona usan el parque como lugar de esparcimiento. Lo cierto es que el espacio es muy grande y más o menos la mitad está cuidado, pero en la otra mitad, donde empezaron los asentamientos, ni siquiera se hicieron trabajos para alisar el piso y está lleno de escombros. En verdad, lo que se tomó al principio fue el espacio público que Macri abandonó como terreno baldío.
Una ciudad que tiene villas miserias y no tiene plan de viviendas para urbanizar esas villas está acumulando la presión de un problema. La oposición afirma que el Gobierno de la Ciudad subejecutó el presupuesto para vivienda. Que sólo gastó el 18 por ciento de ese dinero. Desde el Gobierno de la Ciudad afirmaron que gastaron todo lo que les llegó desde el gobierno nacional. Aunque así fuera, los desequilibrios no se produjeron en Barrio Norte. Se trata también de prioridades de la gestión, entre las que no figuran las villas ni la vivienda. Y además, los planes de vivienda no dependen de una partida específica nacional, por lo que ese argumento suena a excusa.
En realidad Macri había descartado la idea de construir viviendas populares para transformar las villas en barrios. La propuesta que estaba diseñando el PRO era entregar los títulos de propiedad de los terrenos sobre los que se habían construido casitas en villas como Piletones, Villa 20, 1-11-14, 3, 6, 17, 19 y 21-14. Los diputados Enzo Pagani y Cristian Ritondo presentaron un proyecto en la Legislatura para reformar el Código de Planeamiento Urbano con el objetivo de que permita concretar esa idea. Algunos de los ministros porteños, sobre todo su jefe de Gabinete y probable candidato a sucederlo en la Jefatura de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, lo anunciaron con bombos y platillos y lo primero que provocaron fue que una banda atacara el obrador que tienen las Madres de Plaza de Mayo en Los Piletones, con 400 casas casi terminadas, generando una guerra de pobres contra pobres. Ese grupo fue rechazado por los mismos trabajadores del obrador. Pero sobre la base de esas promesas de inicio de campaña electoral, la gente de las villas se lanzó a ocupar el predio del Parque Indoamericano. La idea es que a quien acredite ocupar un terreno para vivienda personal, Macri le otorgará el título de propiedad para que después pueda venderlo.
La primera noche de ocupación hubo dos muertos por tiros. Macri pidió la intervención de la Federal, que desalojó el predio y luego lo entregó a la Policía Metropolitana que, insólitamente, se lo devolvió a los grupos que lo habían ocupado. Esta vez entraron muchos más. Y al segundo día había una guerra entre grupos de vecinos de Soldati y Lugano y grupos de ocupantes, que ya se habían asentado.
Macri se negó a negociar con los ocupantes que él mismo había alentado, se negó a enviar a la Policía Metropolitana por temor al costo político si se producía alguna víctima y se sentó a reclamarle al gobierno nacional para que le saque las papas del fuego.
El objetivo de otorgar los títulos de propiedad es que de esa manera, sin siquiera efectuar los gastos millonarios que implicaría la construcción de nuevas viviendas, el mercado mismo se encargaría de erradicar las villas comprando los terrenos y las casitas baratas para realizar emprendimientos inmobiliarios de más envergadura. La concepción del proyecto, al que el PRO define como “el más progresista que se ha impulsado en la ciudad”, proviene más del sector de empresas inmobiliarias y constructoras que de los habitantes de las villas. Si la idea de los asesores de Macri fue convertir ese problema en un negocio que al mismo tiempo lo resolviera, y usarlo como un fuerte argumento de campaña electoral, lo que logró fue desatar una tempestad en el complejo entramado social de las villas porteñas, sobre todo en Los Piletones y en la Villa 20, que se habían mencionado como las primeras en beneficiarse de esas promesas. En los cálculos del PRO, en julio, cuando estaba previsto que comenzaran las entregas de los títulos, el país estaría sumergido en plena campaña presidencial, con un candidato macrista presuntamente ganador en el distrito porteño. Y allí estaba el candidato Macri, todavía jefe de Gobierno, repartiendo títulos de propiedad en las villas.
Era evidente que los anuncios que hicieron iban a provocar una estampida porque impactaban en dos cuestiones muy sensibles. En primer lugar la necesidad desesperante por una vivienda digna. Y en segundo lugar, los apetitos de los que hacen negocio con la pobreza, que negociaron parcelas y posibles favorecidos, lo cual lleva también a la violencia. Los anuncios a voz en cuello no previeron en ningún momento que se produciría el desastre. No hicieron nada para evitarlo. Lanzaron las promesas de la forma más general posible para pescar la ilusión de los pobres. Era una forma también de mostrar que desconocen esa realidad.
Una vez encendida la chispa, había que apagar el fuego. En vez de eso, Macri le echó nafta con un discurso muy violento contra los ocupas, lo cual lanzó a los otros vecinos de Soldati y Lugano con más fuerza contra los que estaban en el parque. Es posible que en el reclamo se mezclen necesidades legítimas con formas de punterismo e inclusive de corrupción. Los que reclaman pueden tener razón o no. Pero el discurso del jefe de Gobierno de la Ciudad en ningún caso podía ser para provocar más odio y justificar y empujar de alguna manera la reacción airada y violenta de los vecinos contrarios a la ocupación. Denunciar por los medios de comunicación a los ocupantes como invasores extranjeros, o como “el avance de los narcotraficantes y el avance de la delincuencia” fue irresponsable, estaba convocando a una masacre.
En ese clima de violencia donde Macri, en vez de ser el pacificador era el epicentro, enviar a la Policía Federal podría haber empeorado la confrontación. En todo caso, la autoridad política, o sea Macri, tenía que generar las condiciones para que esa intervención no se convirtiera en una masacre. El camino de la negociación, que es el camino de la política, era el único que podía evitar más violencia, pero fue el único que rechazó Macri, cuya opción se redujo a reclamar que el gobierno nacional interviniera para reprimir y hacerse cargo de un problema que él había creado en su distrito.
Macri dice que es la nueva política, pero en este conflicto mostró lo peor de lo viejo, con la demagogia, y lo peor de lo nuevo, por la falta de experiencia, paciencia y capacidad de negociación. En ningún momento aceptó que sus representantes negociaran con los que habían ocupado el parque. El discurso violento de Macri crispó a toda la ciudad, en los taxis y en las colas de los bancos, a varios les creció el enano fascista con un nacionalismo chabacano y ese desprecio patotero por los pobres.

Pagina 12 (11-12-2010)